Tenés a una persona enfrente.
Te puede resultar incomprensible.
Estás allí frente a él/ella.
Te preguntás - por ejemplo - ¿qué puede salir de ésto? cuando ves que la charla no va por los carriles por donde querías o hubieras deseado.
A veces es insostenible permanecer en una charla por el modo en que el otro se impone o impone sus temas. (si el problema para participar es tu propio cansancio, es totalmente comprensible y recomendable hacer mutis - excusarse para una próxima reunión en mejores condiciones personales -)
Pero si las condiciones son:
equitativas,
dinámicas,
respetuosas,
se puede participar en la charla con un juego de nuestros mejores mejores aportes y "archivos" (informaciones varias que pueden ser datos respaldados, chistes, anécdotas u otras referencias, que vas aportando y de algún modo dan un nuevo giro y nueva energía que parece centrífuga al llevar la conversación a otros niveles o ambientes).
En estas circunstancias uno descubre, vivencia, que participar es atractivo, interesante, atrapante.
Atrapante a veces por los temas y otras veces por el modo en que participamos y nos dejan participar (con respeto y reconocimiento). Cuando sentimos que estamos jugando un gran partido: decimos algo y nos responden con otra cosa reestimulante y hacemos espacio para que el otro se luzca también o haga sus aportes.
Otras veces la participación es obligada: tenemos que bancarnos a (soportar la presencia de) el otro y sus temas.
Nos lanza su tema o su modo de comunicarse (tal vez poco estimulante: por exceso de información, por debilidad en sus argumentos, por falta de gracia en sus aportes, por su necesidad de imponernos algo)
y nosotros tomamos el envío (figuradamente el mensaje funciona aquí como una pelota/bola que nos lanzamos el uno al otro para que el otro la devuelva - o no - y sigamos nuestra participación en el juego... que es la conversación).
Cuando la participación es obligada y - en algún caso - estamos participando en un estado casi hipnótico,
seguimos en la charla aportando temas o frases que de algún modo van rodeando o aislando al otro
tras una pila de respuestas nuestras que intentan bloquear o desgastar la iniciativa del otro. Haciéndole farragosa la participación.
En la participación muchas veces adoptamos actitudes reformantes del aporte del otro:
como si dijéramos que ante el comentario del otro nosotros actuáramos como la ostra (madreperla)
que cuando la arenilla que le ha ingresado le molesta, la va recubriendo de material orgánico hasta culminar con una hermosa perla en lugar del obstáculo.
Otras veces actuamos como el bicho canasto (gusano) que se envuelve en un envoltorio de hilo orgánico y palillos del entorno, en un entretejido muy fuerte, y nos quedamos protegidos y aislados allí hasta que se cumpla cierto ciclo...cuando se cumplió el ciclo aparecemos renovados y transformados, listos para vivir otra etapa.
Es interesante realmente.
Disfrutar de la participación o soportar la imposición.
Hasta podemos actuar como la mosca que predigiere lo que va a consumir mediante la insalivación previa del alimento cubriéndolo totalmente y degradándolo para hacerlo accesible.
Indudablemente no todas las participaciones en la conversación con distintas personas tienen final feliz o son enriquecedoras, pero podemos ir eligiendo a interlocutores que tengan un gusto similar al nuestro en el modo de llevar la conversación:
más profundamente,
más superficial,
con ejemplos,
con chistes,
con anécdotas...
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